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Sandro Rosell
FC Barcelona President

Existe el refrán "para gustos, los colores". Lo que viene a significar es que no hay ninguna norma escrita que diga por qué sí o por qué no te tiene que agradar o disgustar un objeto, una comida, un olor, etc. Muchas veces nos fascina una pintura y no sabemos por qué. Solo por el simple hecho de existir. Pero también existe el fenómeno contrario. En muchas ocasiones no nos gusta una comida, sin razón alguna. Son gustos y sensaciones que se basan en la irracionalidad. No siguen un patrón lógico. Eres de carne o de pescado, de mar o montaña, prefieres el frío o el calor, etc.

Además los seres humanos somos especiales en la diversidad. Un mismo plato de comida puede encantar a alguien, y al de al lado repugnarlo. Es lo que nos hace ser seres individuales y propios. Cada uno con sus especificidades y emociones.

Con el fútbol sucede exactamente lo mismo. Eres aficionado de un equipo porque así lo sientes. No hay una razón lógica. Con todo lo que eso conlleva. Pero en lo que sí que parece que gran parte de la hinchada futbolera coincide es en discutir a Marouane Fellaini.

El jugador belga ha aprendido a vivir en la duda constante. Hay futbolistas que necesitan mucho cariño y afección por parte del aficionado para jugar. Fellaini no es de ese tipo de profesionales. Él se crece cuando su estilo de juego y rendimiento está discutido. Él está más acostumbrado a recibir críticas que halagos. Y precisamente esto es lo que le ha hecho mejorar. Demostrar día tras día que puede transformar esas objeciones en aplausos.

A Fellaini se le tacha de jugador tosco, bruto y alocado. Se le critica que prefiera rematar un balón con la cabeza a controlar un esférico con los pies. Que sea conflictivo y que en casi cada roce con los contrarios salgan chispas. Combinado todo con su aspecto con el pelo afro y una barba de tres días descuidada. No es el prototipo de jugador al que un niño sueñe ser como él de mayor. El belga siempre es discutido por la afición. No sabemos la razón.

Pero el futbolista con ascendencia marroquí es de esos profesionales que adoran tener los entrenadores. Cumplidores, sacrificados, que no les importa hacer el trabajo sucio y que prefieren enfangarse en el barro en vez de gozar del aplauso fácil. De esos que permiten a sus compañeros jugar mejor, una de las cualidades más infravaloradas del mundo del fútbol porque es de las que transcurre más desapercibidas.

Desde que aterrizó en Inglaterra en 2008, primero vistiendo la zamarra del Everton, y posteriormente en 2013 mudándose al Manchester United, Fellaini ha sido un uno de los hombres más utilizados sobre el tapete. 177 encuentros disputó con el conjunto de Merseyside en las cinco temporadas que estuvo. Desde que fichó por los red devils el belga ya ha disputado 141 duelos. Contando estas dos etapas ha marcado 36 goles y ha dado 23 asistencias en sus diez temporadas de Premier League.

Ya lo dijo Mourinho alguna vez: "Fellaini es un luchador, mucha gente no reconoce sus cualidades". Esta declaración es el fiel ejemplo que el futbolista con ascendencia marroquí es de aquellos que los técnicos siempre quieren tener bajo sus órdenes.

La duda como resultado final es un aspecto negativo. La duda como medio para mejorar es el camino a seguir. Fellaini ha seguido esta ruta y ha aprendido a vivir en la discusión, en las incógnitas de los aficionados. Cuanto más se preguntan sobre su juego, más se crece.

 

Él se crece cuando su estilo de juego...

...y rendimiento está siendo discutido.

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