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Tony Pulis sentó cátedra en su segunda estadía en el Stoke City. A su llegada, logró llevar al equipo a la Premier League y, una década después, los potters parecen encaminados a volver a la segunda categoría del fútbol inglés, justo ahora cuando parece el equipo tener mejores nombres en toda su historia.

El técnico galés estuvo al mando del equipo rojiblanco desde 2006 y, tras el ascenso del equipo en 2008, su situación no hizo más que mejorar. El Stoke, con la condición de recién ascendido, era un claro favorito en las primeras temporadas para hacer de equipo ascensor y volver a dar con el pozo del descenso pero, más allá de toda especulación, el equipo nunca pasó apuros mientras ese señor de chándal y gorra perenne se mantenía en la banda dando órdenes a los suyos.

El Stoke creció como equipo, como club, como institución y como empresa. La afición se acomodó a un estado de ánimo de un equipo que no era candidato ni al descenso ni a Europa y que para enero o febrero solía tener ya el trabajo de la temporada terminado, siendo los últimos meses de competición un mero trámite. Por eso, porque Pulis había hecho ya el trabajo sucio y para cotas mayores se necesitaba un cambio, todas las partes decidieron que era el momento de dar un giro. Se fue Pulis en 2013 llevando al equipo a una final de Copa (que perdieron) y llegó Mark Hughes, aunque las dudas que dejó su nombramiento fueron acordes a su escaso currículum exitoso.

Pero nuevamente, las premoniciones erraron y con el cambio en los banquillos el Stoke mejoró en calidad de juego y resultados, logrando los mejores resultados de su historia. Los potters entraron en el Top10, acabaron en la 2014-2015 como octavos clasificados, la mejor posición de siempre, y rápido se comenzó a pensar en un equipo que podría acabar jugando en Europa de manera asidua o, al menos, cerrar esa diferencia existente entre ellos y los Liverpool o Everton de turno en la pugna por esas plazas de Europa League.

El problema, quizás, llegó en la adquisición y selección de jugadores. La dirección deportiva se centró en fichar a quiero y no puedo, a jugadores que, por unas circunstancias o por otras, no estaban rindiendo al nivel que se les presuponía. Y así, Mark Hughes se encontró con una plantilla con nombres como Afellay, Shaqiri, Bojan, Jesé, Charlie Adam, Ireland, Imbula, Bony, Berahino, Arnautovic, Martins Indi, Jesé o Glen Johnson.

Obvio que muchos de ellos, en solitario, han rendido bien y le han prestado al equipo servicios inmejorables. Son todos grandes nombres. Pero quizás la suma de sus egos le hizo perder el timón a la dirección técnica y, tras una mala 2016-2017, el inicio de la 2017-2018 fue peor. Los problemas entre técnico y directiva se hicieron manifiestos y en enero, Hughes dejó de ser entrenador del Stoke City tras cuatro años y medio de muy buenos resultados. Tras unas semanas donde en el banquillo se sentó un técnico interino, el Stoke City anunció el fichaje de Paul Lambert en una decisión que asustó a la grada.

Y es que Paul Lambert no es el mejor entrenador para una situación como la que tiene el Stoke entre manos. Salvo su buen hacer con el Norwich City hace ya más de un lustro, donde logró dos ascensos consecutivos, Lambert ha fracasado allí donde ha ido. El Aston Villa se le fue de las manos demasiado rápido (solo fue capaz de ganar 34 de los 115 partidos que dirigió) y el equipo acabó descendiendo; su hacer con el Blackburn Rovers no fue mucho mejor y su última temporada, con el Wolverhampton, tampoco fue lo que se dice un éxito. Sí que es cierto que el equipo mejoró cuando él llegó, pero acabó en 15ª posición un club que hoy lidera con mano dura la Championship.

Se antoja complicado que el Stoke City, 19º clasificado, pueda tener un final de temporada tranquilo. En su favor juega la igualdad en la parte baja de la tabla, pues entre ellos y el 10º clasificado solo hay seis puntos y aún queda mucho camino por recorrer. Por nombres, el Stoke City tiene jugadores para salvar la categoría de manera holgada, pero para eso deben remar todos en el mismo sentido, trabajar y empezar a demostrar un sentido de equipo que a día de hoy no hay.

De momento, Paul Lambert no ha mejorado la situación. Ha ganado solo uno de los cinco partidos que ha dirigido (empatando tres y perdiendo otro). Entre sus labores, estará la de integrar al polémico Jesé, la de equilibrar el egocentrismo y el individualismo de Choupo-Moting o la de conseguir la regularidad de un Shaqiri que cuando raya a su mejor nivel es excelso. Es curioso, contradictorio y casi hasta metafórico, que cuando todo el mundo daba como candidato al descenso al Stoke, los potters se marcasen temporadas sin sobresaltos y ahora que el objetivo era acercarse y acariciar puestos europeos, el descenso es más que una simple amenaza que pinta a realidad.

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