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Sandro Rosell
FC Barcelona President

No habrá pleno inglés en cuartos. El Tottenham es el primer equipo de las islas británicas que abandona la lucha por el título europeo con mayor renombre. Un gol de Higuaín y otro de Paulo Dybala en un intervalo temporal de 4 minutos poda cualquier florecimiento de ilusión en los Spurs, que vieron cómo su encomiable trabajo en los pasados seis meses era lanzado por la borda gracias a 240 segundos calamitosos. Lo mismo que se tarda en preparar un café. Y como en la Champions League 15 minutos malos y 165 buenos tienen la misma validez, el peaje europeo que concierne a inocentes e inexpertos no excluye a los de Mauricio Pochettino. No importa que hasta ese momento todavía no supieran lo que era perder un partido o le hubieran metido 3 goles al actual campeón del torneo. Un despiste y te vas fuera, no hay excepciones.

De esta manera Wembley presenció una de las decepciones más tristes que ha sufrido el Tottenham lejos de competiciones nacionales. Por la cruel manera en la que se produjo, por los esperanzadores precedentes y porque nadie sabe cuándo, cómo ni quién estará en la próxima.

La excelente gestión de Pochettino en estos últimos años no podía pasar desapercibida en el mundo del fútbol. Fuera de Londres, ojeadores y directivos ajenos a la organización lillywhite acuden religiosamente cada semana a la llamada resplandeciente de las estrellas del equipo, cuyos nombres ya han sido involucrados por la prensa en traspasos a cualquier club que maneje una billetera considerable y aspire a ganarlo todo. PSG, Real Madrid, Bayern de Múnich, FC Barcelona… todos son señalados, y razones no faltan.

La eliminación en Champions del Tottenham ha trascendido las barreras de la propia competición. Después de dos temporadas rozando la Premier League y dos veranos reteniendo sus mejores futbolistas a duras penas, los Spurs han dejado escapar la oportunidad de algo más que acceder a cuartos de final. Han dejado de eliminar a toda una Juventus de Turín, vigente subcampeona europea. Dejado de dar un golpe en la mesa, de mostrar un gen ganador a Europa y a ellos mismos.

El Tottenham tenía ante la Juventus la posibilidad de dar un paso al frente: el paso que convenciese a jugadores como Son, Eriksen o Kane de que el nuevo White Hart Lane será el lugar idóneo para triunfar, a la altura de esos clubes que los tientan. Tenían la opción de consolidar un proyecto magnífico con una clasificación totalmente significativa de lo que sin duda se está haciendo bien en el norte de Londres, pero los 10 primeros minutos en el Juventus Stadium y lo ocurrido entre el 64 y el 67 en Wembley puede que haya matado parte de lo que se luchó en este tiempo, y que esos futbolistas que en junio recibirán multitud de ofertas acepten alguna buscando un sitio en el que ese pasito ya se haya dado.

De la misma manera que ocurrió en el pasado verano y probablemente también ocurrirá en el de 2019, Daniel Levy afrontará montañas de cartas y faxes reclamando precio de los jugadores más brillantes de la temporada. Una tónica habitual para el inglés durante los últimos años, aunque quizás éste no termine igual que los anteriores.

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