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Sandro Rosell
FC Barcelona President

El Chelsea ya no está en Europa, camina en quinta posición en Premier League, fue subcampeón de la Community Shield a principios de curso, dijo adiós a la EFL Cup en semifinales y solo le queda vida en la FA Cup, donde está clasificado para unas jugosas semifinales que, no obstante, se pueden antojar escasas para un equipo de semejante patrimonio. El camino por acabar entre los cuatro mejores en Liga será complicado en un curso marcado por los vaivenes deportivos, por las polémicas con el entrenador que arrancaron en verano con Diego Costa, con un baile de delanteros y de nombres que no terminan de asentarse, con un David Luiz en paradero desconocido y unos fichajes millonarios que son hasta la fecha residuales. El equipo de Conte es a día de hoy una montaña rusa en la que, sobre todas las cosas, surge una esperanza liderada por Willian Borges.

El brasileño, que aterrizó en Londres en verano de 2013 dejando tirados a última hora tanto a Liverpool como a Tottenham, siempre ha sido ese jugador número 12, ese comodín que se movía entre la titularidad y el banquillo debido a su irregularidad o a la presencia de otros con más nombre, más peso y más sueldo. El estilo de juego del Chelsea permite el juego con un par de mediapuntas, siendo Hazard uno de ellos fijo y el otro a repartir entre todos los que se han puesto la zamarra blue.

Por eso, en los últimos años, hemos podido ver en tramos cómo Willian era superado por jugadores tan dispares como Oscar, el polivalente Ramires, Pedro o incluso la supresión de un jugador más creativo dando entrada a Cesc o al mismísimo Obi Mikel. Ya fuera Mourinho, Hiddink o el actual Conte, Willian ha sido siempre el eslabón débil por el que cortar en caso de virar la dirección de la plantilla, en caso de hacer un cambio táctico o en caso de buscar cualquier tipo de modificación.

No obstante, el ex del Shakhtar y Anzhi siempre ha jugado un papel importante en Stamford Bridge, aunque no siempre fuera actor principal. Acostado en la banda derecha como preferencia o moviéndose por detrás de un punta, el brasileño ha encontrado este curso la regularidad y la importancia que no había logrado hasta ahora en sus cinco años como jugador del Chelsea. La baja de Hazard en las primeras jornadas y su falta de ritmo en los primeros meses hicieron que Willian, que ya es un fijo con Brasil, cogiera alas y galones. También se supo aprovechar de esa idea de Conte de jugar sin delantero ante el pobre nivel de Morata y directamente ha terminado por ganarle la partida a Pedro, quien puede ser su rival más directo por un sitio en el once.

Esta temporada, además, el brasileño ha sacado a relucir su disparo desde fuera del área y su facilidad para hacer gol. El Chelsea hoy podría seguir en Champions si Willian hubiera acertado en alguno de sus dos envites contra el Barcelona en el partido de ida que se estrellaron en la madera. 13 goles y 11 asistencias le contemplan en lo que va de curso, su mejor cifra en ambas listas y eso que aún queda un tercio de la competición por delante.

Willian ha encontrado la tranquilidad y la regularidad que no pudo en sus inicios y eso radica directamente en su simple situación personal. Su madre falleció a finales de 2016 tras dos años y medio de lucha contra un tumor que turbaba la cabeza del mediapunta. Ahora, con ella en el cielo, Willian suma la fuerza que dice ella le provee desde el más allá. Admite haber superado “tiempos muy difíciles” donde no era capaz de encontrar estabilidad y ahora, a sus 29 años y en año de Mundial, vive el mejor fútbol de su vida.

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