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Sandro Rosell
FC Barcelona President

El próximo sábado 7 de abril Manchester City y Manchester United volverán a verse las caras en un nuevo derbi mancuniano. Dentro de la importancia que recibe un derbi por sí mismo, la cuadragésima edición del partido más especial en esta ciudad al noroeste inglés tendrá un aliciente añadido: de ganar el encuentro, los skyblues se proclamarán campeones de la Premier League delante de su máximo rival.

Tras 31 jornadas el Manchester City se encuentra a una sola victoria de grabar su nombre en el trofeo liguero. Aunque la diferencia a mediados de diciembre entre los de Guardiola y el segundo clasificado ya se escribía con dos cifras, hemos tenido que esperar hasta abril para que lo que llevaba meses siendo obvio tuviera oportunidad de convertirse en realidad tangible. Una espera vivida con total indiferencia ante la previsibilidad de los hechos pero que se ha ido rodeando de morbo en las últimas semanas: que ninguno de los dos equipos de Manchester haya fallado en sus cinco últimos compromisos abre la posibilidad de que la Premier League sea finalmente sentenciada con un derbi de tintes históricos. Si el City gana, el equipo de Mou estará presente en la constatación y festejo del título de liga. Todo quedaría entre vecinos.

Para que un equipo se pueda proclamar campeón con siete jornadas todavía por disputar ha de producirse una de las siguientes situaciones (o ambas): sus rivales por el título no dan la talla y se alejan del rendimiento esperado o el equipo en cuestión rompe todos los planes preestablecidos y se adueña la competición. En el caso de la Premier League 17/18 podemos hablar de un poco de lo primero, si bien el defensor del título no compadeció como alternativa en ningún momento de la campaña y el United de Mou, a pesar de ser el más regular de todos los que pretendieron dar caza al líder, tampoco gozó de la brillantez y claridad necesaria para alargar la lucha siquiera al último tercio de temporada. A pesar de ello, hay que sumarle innegablemente mucho, muchísimo de lo segundo.

Desde que en el quinto encuentro de competición vapuleó al Watford en Vicarage Road por 0-6 y se aupó a la primera posición, el Manchester City no ha hecho más que aumentar distancia con sus perseguidores destrozando moldes y récords a partes iguales en Inglaterra. Con el mejor arranque que la Premier League haya visto jamás y encadenando dieciocho victorias consecutivas desde la tercera jornada hasta Selhurst Park (0-0 vs Crystal Palace), el conjunto citizen ha dejado boquiabierto al más forofo y sin palabras a aquel que deseaba un tropiezo para atacar. Sólo el Liverpool en Anfield ya entrado 2018 logró lo que parecía nadie iba a conseguir, firmando uno de los mejores encuentros que se han podido ver en la temporada y humanizando a un equipo al que a día de hoy en liga sólo Klopp ha sabido neutralizar. Tras el tropiezo, un nuevo dominio tirano: siete victorias y un empate, marcando 21 goles y recibiendo sólo cuatro.

De Ederson a Agüero, pasando por Otamendi, Walker, Silva, De Bruyne o Sané. Guardiola ha creado una telaraña hiperconectada en la que belleza estética y eficacia son compatibles y dependientes y que ha dado, de nuevo, un giro al sector inglés atrapado en el conservadurismo. Encajando piezas de excelso nivel sin líder claro ha copado las estadísticas: goles a favor (ya es el quinto equipo más anotador en una temporada de la historia de la competición), goles en contra (21, el conjunto menos goleado de la categoría), asistencias (De Bruyne, Sané y Silva son los tres máximos asistentes en esta Premier), porterías imbatidas (15, solo por detrás del United con 16) o diferencia de goles (+67, 27 más que el segundo). Un jolgorio de datos que dejan numerosos récords históricos en la palma de la mano azul celeste y que reflejan mejor que ninguna palabra el legado conseguido en fondo y forma.

La multitud de alternativas presentadas a lo largo de la temporada con la marca de agua propia de Pep en todos sus equipos ha conformado el soporte preciso para conseguir la continuidad y regularidad necesaria en una gesta de este tipo. Desde el experimento y la prueba y error en la que se han ido quedando atrás esquemas o formaciones que parecían idóneas (la defensa de cinco con Stones – Kompany – Otamendi de centrales), el Manchester encontró en un 4-3- 3 la versión apropiada de lo que buscaba transmitir y alcanzar. A partir de ahí, las capacidades individuales explotaron en conjunto para demoler prácticamente la totalidad de proposiciones y estrategias rivales reduciéndolas a la nada. Es el caso de Leroy Sané, que en 26 partidos ha marcado cuatro goles y repartido ocho asistencias más que en la liga pasada, de Kevin De Bruyne, que partiendo de una posición más retrasada da 25 pases más por partido que en la 16/17 o de David Silva, que ya ha marcado el doble que en la temporada anterior y ha repartido cuatro asistencias más. El conjunto beneficiando a la individualidad y viceversa.

Convirtiendo todo ello en una constante de hasta ahora siete meses, el Manchester City ha sido capaz de recorrer casi todo el camino dejando para la recta final dos cosas: el simple compromiso de lograr una única victoria que asegure el trofeo y el premio de luchar por romper marcas míticas que en su momento dejaron equipos de la talla del Chelsea de Mourinho o los red devils de Ferguson. El empeño skyblue y el calendario han decidido juntar una tarea con la otra.

En pos del camino recorrido, City y United se enfrentarán en el Etihad Stadium con el trofeo observando y esperando por si le toca entrar en escena. El equipo de Pep Guardiola tiene la oportunidad de llevarse el título en un derbi que pasará a la historia. Y entre datos, récords y estadísticas, un hecho: lo merece.

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