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Sandro Rosell
FC Barcelona President
Getty Images Sports

Existen muchos casos de grandes promesas del fútbol que nunca cumplieron con las expectativas. Echando la vista atrás en la Premier League, podemos nombrar jugadores como Jack Whilshere, Nani, David Bentley o Federico Macheda. Todos ellos han tenido o tienen una carrera en los terrenos de juego, pero nunca fueron las grandes estrellas que se esperaba que fueran cuando eran jóvenes.

También hay quienes nunca tuvieron la oportunidad de demostrar que podían serlo. Puede que este grupo no sea tan amplio como el anterior pero sí hay un nombre que eclipsa a todos los demás: Duncan Edwards.

Tenía 21 años cuando falleció el 21 de febrero de 1958 en el trágico accidente de avión de Múnich junto a otros siete futbolistas del Manchester United. Apenas estaba comenzando su aventura en el fútbol, todavía le quedaban muchos toques que dar al balón, muchos goles que sumar al marcador.

Desde muy pronto empezó a deslumbrar con su talento, entrando en el equipo de su ciudad con 11 años, el West Midlands, cuatro antes de cumplir la edad a la que los niños solían entrar. Con 15 recibió la visita del entonces entrenador de los “Diablos Dojos”, Bert Whalley, que le ofreció su primer contrato profesional. Solo pasarían dos años más hasta que, con 17, Edwards debutó con el United en la primera división inglesa (no fue conocida como Premier League hasta 1992). Y solo pasaría uno hasta que disputara su primer partido con la Selección de Inglaterra.

Era un prodigio, una futura leyenda del fútbol inglés, alguien en quien uno de los clubes más grandes del mundo había puesto su confianza para que lo llevará a la gloria, un futbolista que tenía sobre sus hombros a un país.

Basta con conocer la opinión que Sir Bobby Charlton -que siempre dijo que ni grandes jugadores como Alfredo Di Stefano o Pelé estaban a su altura- tiene sobre su gran amigo y compañero en el Manchester United: “Iba a ser el mejor futbolista inglés de todos los tiempos”. El ex jugador, considerado precisamente como el mejor que ha nacido nunca en Inglaterra, incluso reconoció que nunca se sintió inferior a ningún otro futbolista, excepto a Duncan Edwards.

El chico que con 11 años empezó una prometedora carrera que acabaría antes de lo previsto falleció debido a los graves daños sufridos por el accidente aéreo.

Como curiosidad, como triste curiosidad, Frank Taylor, periodista que seguía al equipo y que sobrevivió a la catástrofe, dijo: “Quizá haya sido mejor así. Los médicos me habían dicho que ya no podría jugar más si hubiera sobrevivido, y él no hubiese resistido eso”.

Porque él amaba el fútbol.

Jimmy Murphy, ayudante del entrenador Matt Busby cuenta que, poco antes de morir, Edwards le dijo: “¿A qué hora es el partido contra los Wolves? Ese no me lo quiero perder”. Nunca pudo jugar ese partido, nunca pudo volver a un campo de fútbol, pero nunca se irá del todo. Porque todas las personas que lo conocieron, todas las personas que lo vieron jugar, todos aquellos que tuvieron la suerte de disfrutar de su talento, siempre lo llevarán en su corazón.

Él era Duncan Edwards, la más grande y fugaz estrella del fútbol inglés.

 

Iba a ser el mejor futbolista inglés...

...de todos los tiempos.

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