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Sandro Rosell
FC Barcelona President

¿En qué momento grabamos en letras doradas lo que es jugar “bonito” o “feo” al fútbol? El espectáculo es un ser morfológico que depende de la forma que le dé el escritor en turno. Transformar en oración una serie de palabras, en párrafo un conjunto de ideas variadas pero que hablan de lo mismo; transformar la teoría, que en el fútbol defender y atacar es siempre lo mismo, en una red semántica de brillantez e imaginación dependiente del encargado del conjunto.

En cierto modo, un técnico es muy parecido a un escritor. Los dos piensan, plantean, imaginan y recrean –con la mayor semejanza posible- lo que hay en su consciente en algo físico y tangible, en una pizarra y campo de fútbol en este caso. Aunque parezca absurdo –porque lo es-, podemos asociar en esta imaginativa comparación a los grandes escritores de literatura con los estudiosos y profesionales que escriben los libros de texto que todos –o la gran mayoría- aborrece e indigesta.

El mundo libre, el de los creadores y soñadores, el de los protagonistas y románticos es el asociado con la literatura. En cambio, el lado estricto y teórico, el de las ciencias y la física, es de aquellos que son tachados de resultadistas, la poesía ripiosa del fútbol.

Aunque las dos filosofías y ejemplos sean completamente opuestas, las dos son totalmente dependientes de la otra. Son el id y el ego, lo a priori de lo a posteriori. La inopia de una seria la perdición de la otra, así que, volviendo a la pregunta de la introducción, ¿Qué es lo bonito y que es lo feo? Teniendo en cuenta este ejemplo del libro de bolsillo al libro de texto, nos encontramos con una opinión publica dividida y contrariada, llena de sofismas y debates interminables.

Unos optan por el camino de la inmortalidad, el de ser el protagonista y respetar a la pelota como se respeta a la vida. Esos valientes se enfrentan a todo, pero a lo que menos le temen es al fracaso, ya que lo que nos transmiten va más allá de medallas y prestigio. Su mayor ímpetu no es crecer más que el otro, sino crecer juntos, con la sociedad. Por el otro lado, los que eligen la teoría y la lectura al pie de la letra antes de escatimar con la imaginación son los tachados de ‘antis’ y de ‘virus’. Los teóricos le confían a los conocimientos y los reconocen como el camino más corto al triunfo, lo que para ellos es lo que más importa. Protagonista contra antagonista, como en toda buena tragedia de William Shakespeare.

La naturaleza humana siempre busca un bando, tal vez para que el individuo no se sienta solo, y se alía con la propuesta que más le llena el ojo, o si nos ponemos muy románticos, la que más llena al corazón. El bien y el mal, Freud y Shakespeare, Darwin y Cervantes, el atrevimiento y el pragmatismo, válidas las dos, e indispensables también.

Porque si se puede encontrar la belleza en la circulación de la pelota, con decenas de toques como camino para llegar al gol, también se puede encontrar el lado estético al plantar un conjunto y cerrar espacios y canales para que el rival no pueda hacerte daño. Las dos tienen el mismo fin: ganar, solo que el camino tomado es diferente para los dos peatones.

El poeta necesita del científico y viceversa. Al fin de cuentas, los dos se han convertido en filósofos. Todo depende del lector y del libro que decida leer.

 

 

El espectáculo es un ser morfológico
que depende de la forma que le dé el escritor en turno...

Todo depende del lector y del libro que decida leer."

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