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Sandro Rosell
FC Barcelona President

Hace años que no sabemos del Arsenal, que pasa desapercibido allá donde compite. Hace años que un Wenger sin alma pasea a un equipo sin alma, que no lo mantiene en su condición de grande, pero que sí mantiene su puesto en el banquillo con la excusa de poseer una idea de fútbol bonita, puesta en práctica de una forma escasa. También llevamos tiempo viendo como el club gasta dinero al tuntún, esperando que de un año para otro sus nuevas estrellas ganen títulos con la varita mágica. En fin, hace tiempo, mucho tiempo, que el Arsenal ha perdido su nombre, su prestigio, su hambre y, consecuentemente, su capacidad para ser temido.

La de Wenger y el Arsenal es una historia de amor de 20 años. Wenger ya no es un simple entrenador, es un símbolo en Londres, es una figura con poder, a la que no se puede maltratar así como así, ni tampoco desposeer de sus éxitos. Su potestad en el club es máxima y seguro que la decisión de mantenerlo en su puesto o echarlo no es ni será nada fácil. Mientras el francés quiera, seguirá. Porque él es quien manda y porque sus títulos son su mejor escudo.

Aunque pueda sonar duro, Wenger no solo tiene la oportunidad de decidir el qué y el por qué en su club, sino también la oportunidad de honrar su palmarés. Hace 12 años que el Arsenal no gana una liga. Obvio que no es fácil. Pero, ¿qué ha ocurrido para que el Arsenal de los inicios de Wenger conquistara 3 ligas en 7 años y ninguna en 12? Desde aquella última liga el técnico ‘gunner’ se ha excusado en la F.A. Cup y la Community Shield. Pero no es suficiente.

Aquel Arsenal era una máquina de fútbol, alegría para los ojos, era un fútbol precioso. Y sus estrellas estaban perfectamente definidas. Cada uno asumía su rol. Durante años, el Arsenal deslumbró gracias a Henry, Bergkamp, Vieira o Pirés, entre otros. Eran figuras que sabían de su peso, y por eso rendían tan bien.

Pero no queda nada de aquel espíritu. Ni la filosofía, ni los roles, ni su entrenador, ni lo más importante: el éxito. Wenger ha perdido su identidad. Ya no le funciona lo que propone y tampoco tiene alternativas. Su crédito es mínimo, sus posibilidades, casi nulas. Ha perdido hasta el reconocimiento. Su última década ha hecho olvidar todo por lo que fue elevado a uno de los mejores entrenadores mundiales. ¿Por qué ocurre eso?



COMPETITIVIDAD

Una liga tan larga como la Premier y con tantos candidatos al título requiere mínimos errores y victorias de prestigio. Tantos derbis y tantos choques entre gigantes refuerzan al colectivo. Es importante ganar a los mejores, son las referencias y la mejor forma de comprobar el nivel de competitividad tanto dentro como fuera de Inglaterra. En esa lucha entre los 4 primeros está siempre el Arsenal. El problema es que siempre está por detrás. Manchester United, Manchester City o Chelsea le han pasado por encima en la última década. Por no mencionar a Liverpool. El balance es pobre, porque ¿qué es mejor: clasificarse para Champions todos los años para caer en octavos o clasificarse uno de cada cinco años y ganarla? Respuesta fácil.



ALTERNATIVAS

Tropezar con la misma piedra. Eso es lo que lleva haciendo el Arsenal durante años. En liga, su propuesta puede llegar a gustar, pero es muy intermitente. Ante los grandes, el equipo es vulnerable. No vale solo con gustar. El Arsenal debe primero ganar. Mantener una idea fija durante un campeonato de 38 jornadas es un error. Los recursos son gasolina en una liga en la que te puedes encontrar contraataques infinitos, balonazos que acaban en gol, saques de esquina que causan casi el mismo temor que un penalti, etc. En fin, se trata de buscar soluciones cuando se va por detrás o cuando el fútbol de siempre no funciona.

También en Champions. El Arsenal se ha dejado maltratar por un equipo sobre todo: el F.C.Barcelona. Hasta en tres ocasiones han caído en octavos en apenas 6 años. Nunca, en esas tres ocasiones, el equipo mostró alguna mejoría. La respuesta de su técnico fue comparecer en rueda de prensa diciendo: “¿Messi?, es como jugar a la Playstation”. Su asombro no fue suficiente motivo como para ponerse la meta de superar al mejor equipo del mundo. Siguió en las mismas.



FICHAJES

Un equipo con una filosofía definida, con un esquema de 20 años de edad debería solo requerir cambio de piezas, por edad o por salida. Pero ni el Arsenal ni Wenger saben qué fichan. Los nombres están por encima de las necesidades. El más claro ejemplo fue el de Mesut Özil. Un media punta distinto, sí. ¿A quién no le gusta Özil cuando está bien? Pero con Wilshere, Ramsey y Cazorla más todo un abanico de posibilidades en las alas y centrocampistas de corte defensivo son motivo más que suficiente para cambiar la ruta de posibles fichajes. Por ejemplo, un delantero goleador o un central de garantías. Si a la política de fichajes le unimos el rendimiento de sus apuestas, véase el mismo Özil, que ya no es ni la sombra de aquel jugador del Real Madrid, que ya de por sí era irregular, o Alexis, un jugador capaz de marcar 5 goles en 5 jornadas y luego no volver a aparecer en las siguientes 10. O Welbeck, un futbolista con tantas cualidades como infortunio en las lesiones. El resultado es un puré.



IDENTIDAD

Este es el punto más complicado. Mientras no se cambie de aires, el prestigio del Arsenal decaerá. Hacen falta nuevas ideas, recursos y seriedad. Hace falta que a un jugador le interese ir al Arsenal por el nombre y no por el dinero, que esté a la altura de los Manchester United, Manchester City o Chelsea. Hace falta que un equipo no celebre un emparejamiento con el Arsenal, que tema visitar el Emirates.

 

 

Hace años que un Wenger sin alma...

...pasea a un equipo sin alma."

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