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Sandro Rosell
FC Barcelona President

Si hay algo que caracteriza a la Premier League es la incertidumbre. Esa sensación mágica de que todo puede pasar, donde el último clasificado puede ganar al primero, o que clubes no tan distantes en lo económico pueden acabar goleándose. Es la esencia que se respira en tierras británicas.

Hace apenas cuatro temporadas, uno de los equipos más modestos de todo el campeonato terminó alzando el título de campeón con varias jornadas aún por jugarse: el Leicester City. Diez puntos separaron a los de Claudio Ranieri del segundo puesto, en una temporada que pasará a la historia. No solo por conseguir lo impensable, sino porque gracias a esa campaña conocimos el lado más bonito del fútbol, un equipo humilde unido por un mismo objetivo.

Nombres como Jamie Vardy, Riyad Mahrez, Danny Drinkwater o N’golo Kanté coparon las portadas de todo el país en un año de ensueño para ellos. Algunos de ellos ficharon por otros equipos (Mahrez se marchó al Manchester City y tanto Drinkwater como Kanté fueron traspasados al Chelsea), pero hubo uno que no: Jamie Vardy, uno de los obreros del fútbol anglosajón. A día de hoy, tras haber recibido suculentas ofertas a lo largo de estos 3 años de grandes y numerosos equipos, sigue en el club que le vio triunfar y que le dio la oportunidad de debutar en la élite. Un chico agradecido que basó su éxito en el esfuerzo y la constancia, y que el fútbol se lo recompensó.

Todo éxito tiene su base. En el caso de los foxes fue el simple hecho de confiar y creer los unos en los otros, sin importar nada que no fuera estar unidos. Un equipo con esta mentalidad es prácticamente invencible, y si, además, la suerte les sonríe, todo les sale a pedir de boca. Reinaron en una de esas temporadas que solo vemos una vez cada mucho tiempo. Una de esas hazañas que te hacen reflexionar sobre que no todo es dinero en el fútbol -aunque ayuda mucho-, y que hay veces que influye más la confianza y la moral que los nombres y la reputación.

El refrán español dice que “bicho malo nunca muere”. Y el Leicester de aquel maravilloso año está de vuelta.

Brendan Rodgers ha recuperado ese nivel que les llevó a la gloria, y está asombrando al mundo entero con el juego desplegado, el nivel de Vardy, y la capacidad de hacer frente a rivales de índole económicamente superior. Hace apenas unas semanas veíamos como goleaban al Southampton por nueve tantos a cero, igualando la mayor goleada vista en Premier League: aquel United 9-0 Ipswich. No fue un golpe de suerte ni una noche de ensueño, fue el producto de un equipo que, a pasos agigantados, está volviendo a su mejor nivel, compuesto por jóvenes ambiciosos (Tielemans, Gray, Söyüncü o Ndidi) y viejos rockeros (el ya antes mencionado Vardy o Kasper Schmeichel)

Dado el nivel mostrado y la racha tan positiva que atraviesa el equipo, solo cabe hacerse una pregunta, ¿repetirían logro de no ser por el Liverpool de Klopp? Una respuesta que, en cualquier caso, a día de hoy es afirmativa. El único escollo en el camino para los de Rodgers son los reds, considerado por muchos el actual mejor equipo del mundo.

Solo queda esperar a que pasen las jornadas y el tiempo dictará sentencia. Un Leicester City intentando reproducir aquel 2016, y un Liverpool que hará todo lo imposible para llevarse su primer título de liga. Nos espera una bonita lucha por esta carrera, donde cada etapa es crucial, y donde todo cuenta. Otra temporada más, la Premier League no drefrauda.

 

Bicho malo...

...nunca muere.

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