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Existe la tendencia social a pensar que los futbolistas viven en una burbuja protectora que les impide tener problemas personales y sus propias inquietudes. Así, cada vez son más los futbolistas que hacen públicas sus peores experiencias y rompen ese muro. Eso fue lo que hizo Kieron Dyer en 2018 cuando confesó en una entrevista con el Daily Mail, como preámbulo al lanzamiento de su autobiografía, que sufrió abuso sexual por parte de su tío abuelo cuando era un niño.

Dyer nació y se crió al Este de Inglaterra, concretamente en Ipswich -una de las ciudades más antiguas del país-. Allí comenzó a jugar al fútbol, y a los 17 años debutó con el primer equipo. Fue en el Boxing Day de 1996 frente al Crystal Palace, Dyer disputó solo 4 minutos y el equipo logró una cómoda victoria en casa por 3 a 1.

Luego llegaría a ser 33 veces internacional con Inglaterra y formaría parte de las plantillas del Mundial de 2002 y de la Eurocopa del 2004, pero Dyer siempre dejó la sensación de no llegar a alcanzar todo su potencial.

Tras 5 años retirado, Kieron Courtney Dyer decidió contar su experiencia más dura en el Daily Mail con un relato desgarrador. Su madre debía trabajar en el turno de noche aquel viernes, por lo que Dyer -de unos 11 o 12 años- se quedaría con su abuela. Sus primos también dormían muchas noches allí, por lo que no era una situación nueva para nadie.

Aquel día, su abuela no estaba en casa. Su tío Dooey estaba arriba con su novia, Rachel. Y abajo, Dyer y su tío abuelo, Kenny, veían la televisión. No recuerda que veían, pero sí recuerda que Kenny llevaba vaqueros. Le gustaba su tacto, y con frecuencia se dormía en el regazo de su madre cuando ella los llevaba. Así, aquella noche se quedó dormido en el regazo de Kenny.

Dyer despertó, pero con miedo de abrir los ojos. Kenny había aprovechado que dormía para acariciarlo por dentro del pantalón. Dyer estaba petrificado, mientras Kenny se había percatado que el niño había despertado e intentaba tranquilizarle.

Kenny le bajó los pantalones hasta los tobillos. Dyer seguía petrificado. No podía moverse. No podía hablar. Consiguió zafarse y corrió al teléfono para llamar a su madre. Ella respondió la llamada, pero Kenny se paró frente a él y se llevó el dedo a los labios. Dyer colgó. Sería su secreto.

Nunca se volvería a repetir la situación, pero no fue porque Kenny no lo intentara. Durante 20 años guardó el secreto y no se lo contó a nadie. Sabía que su padre era capaz de matar a Kenny si se enteraba y, entonces, sería él quien fuese a la cárcel.

Con el paso del tiempo Dyer se convertiría en un futbolista con 17 años de carrera. Una carrera marcada por varias polémicas como su pelea con Lee Bowyer, el escándalo sexual que protagonizó con Frank Lampard y Rio Ferdiand en el 2000 o por estrellar su Ferrari durante una madrugada de fiesta en Newcastle.

El niño alegre se convirtió en un hombre desconfiado y con problemas para sociabilizar. "Me resulta difícil tener contacto visual con las personas", afirma. "Me siento avergonzado. Hay un problema de confianza. No quiero que la gente vea mis ojos. No quiero que vean mi vulnerabilidad", confiesa en aquella entrevista.

Tras pasar por el West Ham, y una cesión al Ipswich, Dyer llegó al Queens Park Rangers en 2011. Allí coincidió con Joey Barton, quien sería fundamental en su vida. Un día, Barton avisó a todos sus compañeros de la visita de Peter Kay, cofundador de la clínica Sporting Chance, por si alguno quería hablar con él.

Esa tarde en Harlington, en las instalaciones de entrenamiento del QPR, fue un punto de inflexión para rehacer su vida. Dyer habló con Peter Kay y comprendió el porqué de su forma de actuar durante tantos años. Había estado apartando personas de su vida y necesitaba hacer algo al respecto.

 

"Sé que otros han sufrido por cosas similares, y peores. Sé que algunos han sentido tanta desesperación y desesperanza que se han quitado la vida. No estoy seguro de por qué no me pasó eso. Creo que tal vez que cada vez que jugaba al fútbol, era el modo de olvidar el dolor y el abuso", comentaba.

 

A sus 39 años Dyer decidió hacer público su mayor secreto, un año después de contárselo a su familia y unas semanas después de contárselo a su padre. Él es la víctima, pero cree que no es la única víctima porque toda su familia se ve afectada. Muchos habían idolatrado a aquel hombre y le habían dejado al cuidado de sus hijos. "Siempre se culparán a sí mismos, pero yo no culpo a ninguno de ellos", sentenciaba Dyer.

La familia Dyer se rompió hace más de 20 años sin saberlo ninguno de sus miembros. Sólo un niño marcado de por vida, y del que no conocían su dolor, sabía de la existencia del monstruo que habitaba entre ellos. El niño se convirtió en un hombre y afrontó con valentía lo que no pudo afrontar en aquel momento. Ahora está en paz.

 

"No quiero utilizar lo que me ocurrió como excusa para los errores que cometí. En mi vida y en mi carrera cometí errores monumentales. Pero tuve elección. Sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal, y puedes elegir lo que está bien y lo que está mal. Pero con el abuso, probablemente sea la única cosa donde no tuve otra opción. No había nada que pudiera hacer en ese momento y eso dio forma a mi vida", Kieron Courtney Dyer.

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